
Lo más interesante de HeyGen es que convierte un avatar en una **interfaz comunicativa operativa**, no en un efecto visual. Permite controlar tono, ritmo y presencia sin fricción técnica, lo que lo hace útil para prototipos institucionales, pruebas de impacto narrativo y validación de “wow effect” sin desplegar infraestructura compleja. No aporta inteligencia; aporta **encuadre, cuerpo y timing** al mensaje, que es exactamente lo que se necesita cuando la prioridad es percepción pública y activación simbólica, no complejidad técnica. Reseña recopilada por y alojada en G2.com.
Lo problemático de HeyGen es que **tiende a confundirse presencia con sentido**. El avatar funciona bien a nivel visual y performativo, pero el sistema empuja a mensajes planos, genéricos y excesivamente “perfectos”, lo que puede erosionar credibilidad en contextos culturales o institucionales exigentes. Además, limita el control fino sobre microexpresiones, silencios reales y variaciones no lineales del discurso, y refuerza la ilusión de inteligencia cuando en realidad solo hay **puesta en escena**. Si no se diseña bien el texto y el marco, el riesgo es parecer marketing animado en lugar de infraestructura cultural. Reseña recopilada por y alojada en G2.com.
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